Mi mano, mis dedos, mis uñas, los músculos y su piel ardiendo en calor de la euforia. Todo lento, todo luz. Mi pelo mojado en sudor, pegado mi fleco a la frente. El esmalte resquebrajado. La quijada vibrante y los dientes martillándose. Después adormecía ya la extremidad que no abrazó. Adormecía y tan caliente todavía, hablando tan sólo con espasmos color púrpura.
