No supo de ese abrazo
que sentí hasta el alma, no se dio cuenta que analicé sus labios mientras
hablaba. No sabe ella.
Estar con ella,
escucharle sus palabras inventadas, darle ese beso escapado y escondido hace
años. Todavía no sabe ella.
Villa, erudita,
intelectual maldita, me dejas muda y me siento pequeña.
No sabe, no se ha dado
cuenta, no lo verá. Esta es la segunda vez que le escribo.
¿Por qué siempre me
toca verla desde lejos, leerla desde afuera, escucharla a pasos largos? Es que
usted me avasalla.
Un día cuando no me
sonroje, cuando usted me de permiso con sus ojos, cuando yo pueda acercarme, la
voy a besar.
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