Me regalo canciones y me escribo. Me maldigo, me hiero. Me digo mil sandeces.
Me muerdo, lloro sobre mis cabellos. Me concedo mis deseos, atiendo mis ganas, luego maldigo otra vez: no debí hacerlo, sí debí hacerlo. Un golpe sobre la mejilla, reír porque esto es un retazo de estupideces.
Preguntar quien comparte el desespero, quien deja salir tanta necedad. Pierdo este tiempo, pierdo los minutos que le siguen. En unas semanas me arrepentiré porque el tiempo es lo que es y porque me acosa.
Me molesta mi inquietud, me molesta desear, me molesta tener que imaginar para poder escabullirme de este absurdo devenir de los días. Porque el presente es una falacia y es consuelo. Consuelo porque me hace sentir que logré un día más de vida sin haberme esforzado en nada, porque puedo pasar 24 horas distraída, y ya está. Es un sin sentido. Pero entonces vuelve la paradoja, y la ambición. Entonces, pienso que tengo que entregarlo todo, que cada palabra escrita, cada palabra dicha me llevará donde me quiero realizar.
Visiones, viajes, auditorios repletos, paisajes hermosos, comidas extrañas, olores pútridos, cuadernos manchados de barro, tinta corrida por la lluvia, huesos que no paran de doler, sonrisas de todos los colores, ojos de todos los colores, mentes que me hacen pensar que yo estoy equivocada, que estoy confundida, que mi lógica no es la mía, que verdades hay infinitas. Ese conflicto diario y apasionante que implica conocer la vida, las vidas; ese maldito sentimiento del estado liminal. No estoy ni aquí ni allá, fue este conflicto el que escogí para apreciar el mundo y para desenamorarme de él.
Esta es mi ambición, el futuro que imagino. A veces agrego besos furtivos, y un canino gigante que me bote al piso cuando llegue cansada de pensar cada noche, que me llene de saliva hasta el tuétano y siempre este feliz. Qué básica.
Me muerdo, lloro sobre mis cabellos. Me concedo mis deseos, atiendo mis ganas, luego maldigo otra vez: no debí hacerlo, sí debí hacerlo. Un golpe sobre la mejilla, reír porque esto es un retazo de estupideces.
Preguntar quien comparte el desespero, quien deja salir tanta necedad. Pierdo este tiempo, pierdo los minutos que le siguen. En unas semanas me arrepentiré porque el tiempo es lo que es y porque me acosa.
Me molesta mi inquietud, me molesta desear, me molesta tener que imaginar para poder escabullirme de este absurdo devenir de los días. Porque el presente es una falacia y es consuelo. Consuelo porque me hace sentir que logré un día más de vida sin haberme esforzado en nada, porque puedo pasar 24 horas distraída, y ya está. Es un sin sentido. Pero entonces vuelve la paradoja, y la ambición. Entonces, pienso que tengo que entregarlo todo, que cada palabra escrita, cada palabra dicha me llevará donde me quiero realizar.
Visiones, viajes, auditorios repletos, paisajes hermosos, comidas extrañas, olores pútridos, cuadernos manchados de barro, tinta corrida por la lluvia, huesos que no paran de doler, sonrisas de todos los colores, ojos de todos los colores, mentes que me hacen pensar que yo estoy equivocada, que estoy confundida, que mi lógica no es la mía, que verdades hay infinitas. Ese conflicto diario y apasionante que implica conocer la vida, las vidas; ese maldito sentimiento del estado liminal. No estoy ni aquí ni allá, fue este conflicto el que escogí para apreciar el mundo y para desenamorarme de él.
Esta es mi ambición, el futuro que imagino. A veces agrego besos furtivos, y un canino gigante que me bote al piso cuando llegue cansada de pensar cada noche, que me llene de saliva hasta el tuétano y siempre este feliz. Qué básica.

No hay comentarios:
Publicar un comentario