Mi mano, mis dedos, mis uñas, los músculos y su piel ardiendo en calor de la euforia. Todo lento, todo luz. Mi pelo mojado en sudor, pegado mi fleco a la frente. El esmalte resquebrajado. La quijada vibrante y los dientes martillándose. Después adormecía ya la extremidad que no abrazó. Adormecía y tan caliente todavía, hablando tan sólo con espasmos color púrpura.
martes, 2 de octubre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
Frío.
-No. No hagas eso otra vez. Mira, mírame. Estoy temblando.
Siente, mis manos sudan. No hagas esto de nuevo. Quiero vomitar. Siento puñales
en mi estómago. Para. No hables. Lo leo en tus ojos. Por favor, no. No
digas más. Ven. Se puede hacer mejor, yo puedo ser mejor. Calla. No lo
digas. Por favor, no lo digas. Me amarás, ¿verdad? Yo sé que sí. Yo sé. ¿Por
qué quieres decir que no? No hables. Mira, se me descose el alma.
No hables. Tú dijiste que eras feliz, lo dijiste. Dijiste que querías hacerlo,
lo dijiste. Por favor, no me arranques de nuevo la vida. Por favor, siento
mucho frío.-
Pensaba ella en silencio con la mirada helada.
Pensaba ella en silencio con la mirada helada.
Villa, otra vez.
No supo de ese abrazo
que sentí hasta el alma, no se dio cuenta que analicé sus labios mientras
hablaba. No sabe ella.
Estar con ella,
escucharle sus palabras inventadas, darle ese beso escapado y escondido hace
años. Todavía no sabe ella.
Villa, erudita,
intelectual maldita, me dejas muda y me siento pequeña.
No sabe, no se ha dado
cuenta, no lo verá. Esta es la segunda vez que le escribo.
¿Por qué siempre me
toca verla desde lejos, leerla desde afuera, escucharla a pasos largos? Es que
usted me avasalla.
Un día cuando no me
sonroje, cuando usted me de permiso con sus ojos, cuando yo pueda acercarme, la
voy a besar.
Soledades.
Que he estado haciendo
estos últimos días de labios arrancados, no comprendo qué, no comprendo cómo,
pero ahora, me siento responsable de ti, de lo que has intentado, de lo que has
insistido. De lo que yo he callado mientras veo tus ojos cuando me dicen no, lo
que sigo callando porque es infame.
Duelen las notas de
recuerdos vivos en un presente que no admito, duele porque se asoman por mis
ojos cuando te digo sí.
No es poco el tiempo,
por eso necesito más de mi soledad. Soledad de noches que transitan el pasado,
soledad de lo que imaginé y no fue, de lo que fue y no pudo ser más.Mi soledad, que no
terminó de aniquilarlo todo, por eso necesito volver.
Soledad mía, termina
esta tarea de destruir porque siento miedo de que aquello que fue regrese
pidiendo espacio en el pensamiento.
Digámosle Ambición.
Me regalo canciones y me escribo. Me maldigo, me hiero. Me digo mil sandeces.
Me muerdo, lloro sobre mis cabellos. Me concedo mis deseos, atiendo mis ganas, luego maldigo otra vez: no debí hacerlo, sí debí hacerlo. Un golpe sobre la mejilla, reír porque esto es un retazo de estupideces.
Preguntar quien comparte el desespero, quien deja salir tanta necedad. Pierdo este tiempo, pierdo los minutos que le siguen. En unas semanas me arrepentiré porque el tiempo es lo que es y porque me acosa.
Me molesta mi inquietud, me molesta desear, me molesta tener que imaginar para poder escabullirme de este absurdo devenir de los días. Porque el presente es una falacia y es consuelo. Consuelo porque me hace sentir que logré un día más de vida sin haberme esforzado en nada, porque puedo pasar 24 horas distraída, y ya está. Es un sin sentido. Pero entonces vuelve la paradoja, y la ambición. Entonces, pienso que tengo que entregarlo todo, que cada palabra escrita, cada palabra dicha me llevará donde me quiero realizar.
Visiones, viajes, auditorios repletos, paisajes hermosos, comidas extrañas, olores pútridos, cuadernos manchados de barro, tinta corrida por la lluvia, huesos que no paran de doler, sonrisas de todos los colores, ojos de todos los colores, mentes que me hacen pensar que yo estoy equivocada, que estoy confundida, que mi lógica no es la mía, que verdades hay infinitas. Ese conflicto diario y apasionante que implica conocer la vida, las vidas; ese maldito sentimiento del estado liminal. No estoy ni aquí ni allá, fue este conflicto el que escogí para apreciar el mundo y para desenamorarme de él.
Esta es mi ambición, el futuro que imagino. A veces agrego besos furtivos, y un canino gigante que me bote al piso cuando llegue cansada de pensar cada noche, que me llene de saliva hasta el tuétano y siempre este feliz. Qué básica.
Me muerdo, lloro sobre mis cabellos. Me concedo mis deseos, atiendo mis ganas, luego maldigo otra vez: no debí hacerlo, sí debí hacerlo. Un golpe sobre la mejilla, reír porque esto es un retazo de estupideces.
Preguntar quien comparte el desespero, quien deja salir tanta necedad. Pierdo este tiempo, pierdo los minutos que le siguen. En unas semanas me arrepentiré porque el tiempo es lo que es y porque me acosa.
Me molesta mi inquietud, me molesta desear, me molesta tener que imaginar para poder escabullirme de este absurdo devenir de los días. Porque el presente es una falacia y es consuelo. Consuelo porque me hace sentir que logré un día más de vida sin haberme esforzado en nada, porque puedo pasar 24 horas distraída, y ya está. Es un sin sentido. Pero entonces vuelve la paradoja, y la ambición. Entonces, pienso que tengo que entregarlo todo, que cada palabra escrita, cada palabra dicha me llevará donde me quiero realizar.
Visiones, viajes, auditorios repletos, paisajes hermosos, comidas extrañas, olores pútridos, cuadernos manchados de barro, tinta corrida por la lluvia, huesos que no paran de doler, sonrisas de todos los colores, ojos de todos los colores, mentes que me hacen pensar que yo estoy equivocada, que estoy confundida, que mi lógica no es la mía, que verdades hay infinitas. Ese conflicto diario y apasionante que implica conocer la vida, las vidas; ese maldito sentimiento del estado liminal. No estoy ni aquí ni allá, fue este conflicto el que escogí para apreciar el mundo y para desenamorarme de él.
Esta es mi ambición, el futuro que imagino. A veces agrego besos furtivos, y un canino gigante que me bote al piso cuando llegue cansada de pensar cada noche, que me llene de saliva hasta el tuétano y siempre este feliz. Qué básica.
No morí.

No morí ni mis palabras. Solo abandoné esta Tábula pero nunca deje de escribir. Enseguida leerán retazos de lo que ha sido un largo tiempo sin publicar. En seguida continúan mi cabeza, mi alma y mi cuerpo en su constante lucha.
Cerré algunos círculos, abrí otros. Sigo caminando en espiral, pensando el pasado y pariendo el presente. Cambié yo, no sé mi escritura. Aquí voy otra vez.
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