miércoles, 14 de abril de 2010

De la Villa


No sé porqué me llaman tus rizos, porque tus manos como algodones. Porqué el lunar que se posa sobre tu labio, porqué tu piel y tus dientes. De hace rato nació la necesidad de escribirte, de hace rato la intención de besarte. Pero estas en otro renglón y en otro párrafo, o estas más arriba o estoy más abajo.

Nunca escuche el rasgar de tus dedos en la guitarra, pero sí escuche tus palabras melancólicas e insanas, suicidas y necesitadas, pidiendo calor tus entrañas. Te escuché y te leí, te mire y te sigo mirando.

No imaginaras con cuanta atención te detallo, no imaginaras lo cerca que a veces te quiero. Me gustaría sanarte. Quiero que me leas, quiero que me veas.

Eres pasillo oscuro, polvo en suelos nuevos que contienen años de saberes, todo lo poético, lo absorto, lo absurdo.

Mis palabras son poco refinadas, mis rizos se deshacen más fácil, mis cigarrillos más lentos y virgen es mi nariz.

Creo saber que estas buscando, que buscas en los libros, en los acordes de guitarra y piano, en tu mano sobre el papel.

Este es un deseo enfermo dirán muchos, pero los cuerpos son cuerpos, las mentes universos, el deseo es deseo no importa el cuerpo. Quisiera tu abrazo y tus labios empapados.

¿Cuándo cantaremos delicada espina?

1 comentario:

  1. "A los despreciadores del cuerpo quiero decirles una palabra,su despreciar constituye su apreciar¿Que es lo que creó el apreciar y el despreciar, y el valor de la voluntad? El sí-mismo se creó para sío el apreciar y el despreciar, se creo para sí el placer y el dolor"

    Nada malo tiene desear un cuerpo que los demás no quieren, que oros no aceptan...gracias

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