miércoles, 26 de mayo de 2010


Las Once.

Lo deseaba, lo pedía, lo añoraba.

Sentía miedo de que ocurriera por que de nuevo vendría la melancolía; esa infame que mantengo confinada en la lobreguez de mis noches y que aprisiono en las mañanas para que no se asome por mis ojos y me revele miserable.

Aún así hoy, ella con su miserableza, se dieron cita con el deseo cumplido para pasmarse y yo no lo soporté. Me desayune varios tragos de whiskey, ese trago que tanto odio pero que necesité para sentir arder mis entrañas…

Me tumbe sobre el sofá escuchando la voz áspera de Iniesta como rompiendo los vidrios de la casa, la mirada fija en la roseta del techo y el calor apoderándose de mi cabeza. Se deslizó mi brazo hasta el suelo y sentí las venas de mi mano atestadas de sangre y los besos húmedos de mi perra en las uñas…

Cómo me costaba respirar con ese desespero que subía por mi garganta y manaba líquido sobre mis mejillas, cómo despejar la confusión que orquestaba la calentura de mis sienes cuando apenas tenía conciencia de mi cuerpo, de las horas o minutos que pase desecha, del tiempo en que luchaba mi mente por no hacer preguntas.

Maldita desazón del alma que no encontró manera de evadir la voz que aun hacía eco entre las ruinas del recuerdo…Maldito y bendito el momento en que viví y morí al mismo tiempo gracias a tu resuello triste.

.........Tú tampoco tienes ganas de vivir.

domingo, 16 de mayo de 2010




Ese lugar que es oscuro y mágico. Lleno de barro y pasto, de árboles y de instrumentos, de mentes y de tragos, de cigarrillos y drogas. Es el patio trasero de un perdido Woodstock en la gran ciudad donde todo se comparte y todo se vende. Sobre todo es un espacio que lo hicieron suyo y que yo lo hago mío cada vez que me poso en sus libros, cada vez que comparto el humo y siempre que con las cuerdas de mil guitarras canto.

Acá la rebelión se despertó hace mucho, hay vestigios por doquier de almas levantadas contra el orden. Todo rincón es fuego, toda madera es butaca para el pensamiento. Bien decimos que esas luchas son vestigios que sus huellas dejaron, pero las nuevas luchas pertenecen a un color distinto; por eso ahora su tan alabada rebelión es lo suficientemente anacrónica para cansar a todos de las papas bomba.

Yo bebí de su vino, me pase su ron y conteste airada. Renegué de los debates y me reí de quienes fueron carne de cañón. En un momento, carne de cañón también fui yo. También se rieron de mí e intentaron usar esas chispas que todo joven tiene para convertirme en trompo de poner. Solo sé que tuve suerte de superar el letargo y ahora pienso que el cambio tiene lugar en las conversaciones del bus, o en una tarde amenizada por una empanada con ají. Pensar el mundo no exige banderas.

Por azar llegué esa tarde a sus pastos, vendí, compré y troqué. Compre cigarrillos, vendí “jalea” y troque mi risa por "La María". Pronto apareció una hermosa luna llena, empezó a asomarse entre los cerros bogotanos cuando yo pasaba al tema del Arte, cuando hable de mi Dios y mis Dioses, cuando defendía que el estado mental que se altera por voluntad es una responsabilidad ante la vida, es una reafirmación de que tenemos la potestad de nuestros pensamientos; y así alterados los podemos conducir a donde queramos, hasta que queramos. Así también con el sexo y el amor; nos desobligamos y nos radicalizamos a voluntad, solo que a ratos se nos olvida.

Entre tanto y tanto, el vino escaseaba y los sentimientos se animaban también. La chica de tez blanca sufría por la piel y los labios de otra que ya no experimentaba con ella sino con un hombre, ella necesito palabras y necesito a Sabina para coger peso en las bragas. Sin embargo, se desarmó tantas veces que incluso le afectaba pensar en la jalea alcoholizada, en su conjuro que a diario preparaba para venderlo en el perdido Woodstock.

Nos apropiamos de su bandeja de jalea. Caminamos tambaleándonos entre los árboles y los pequeños cúmulos de personas regadas en La Playita, intentamos vender una y otra vez, pero a esas horas de la noche parecía que nadie deseaba probar este postrecito de dulce y alcohol. Todo lo contrario pasaba con nosotros que todo recibíamos. Bebidas espirituosas y el humo, nuestros ojos recibieron sonrisas y también rechazos. Pero ¡qué importaba! Ahí estábamos con una alegría sórdida y haciendo nada más que conocer mil rostros que no tenían que ver con nosotros, pero sí con nuestro estado… un estado más allá de la calma.

Volví hace dos días a este lugar que me embelesa con la misma compañía y con el mismo deseo de querer salir de mí. Esta vez las palabras fueron distintas, las palabras fueron de rabia y no para contemplar. Esta vez el sentimiento era de desconsuelo, nada de alegría sino nostalgia. Una nostalgia compartida orquestada por un vino, otra vez el mismo vino. Hablar y recordar, hablar y renombrar, hablar y reír, hablar y entrecortar la voz pasando saliva como potenciales lágrimas.Qué más da, sólo amé ese momento como todos los últimos.

Luego de un buen rato muchas risas se asomaron pero todavía más los murmullos de gente que, como yo, con picardía observaba. Voyeurismo, eso era todo, puro voyeurismo exacerbado por el estado de todos nosotros. Risas, envidia, querer mirar, no querer mirar; y mientras tanto, en ese árbol, a menos de 10 metros, ese par se besaban. Ella con sus piernas abiertas y él en medio, este amante se descontrolaba, se movía rápidamente, había tanta fricción que su pantalón se quería romper, sus manos se agarraban del pasto y sus zapatos arrancaban la tierra intentando equilibrar la fuerza de su movimiento. Pero, ¿qué pasaba con ella? No reaccionaba, no veíamos su cara, sus brazos y piernas estaban quietas al costado del cuerpo de ¿su amante? ¿Su violador? ¿Su qué?

Él terminó y se sentó a su lado, la miraba recostada en el pasto mientras seguía jadeando. La intento levantar, y por fin ella se sentó, abrió los ojos y empezó a vomitar. La escena termina con los aplausos de varios espectadores. Así acabó.

Quisimos fumar más y recorrimos los otros árboles que auspician diversiones. Nos fuimos a escuchar la música que de lejos un colectivo comunista reproducía en un equipo viejo mientras un proyector, más viejo todavía, iluminaba con la imagen de José Marti las paredes de algún bloque. Nos sentamos a fumar, a mirar entre la oscuridad, las palabras ya escaseaban, quedaba muy poco qué decir y más por desear.

Ya vamonos.

miércoles, 14 de abril de 2010

De la Villa


No sé porqué me llaman tus rizos, porque tus manos como algodones. Porqué el lunar que se posa sobre tu labio, porqué tu piel y tus dientes. De hace rato nació la necesidad de escribirte, de hace rato la intención de besarte. Pero estas en otro renglón y en otro párrafo, o estas más arriba o estoy más abajo.

Nunca escuche el rasgar de tus dedos en la guitarra, pero sí escuche tus palabras melancólicas e insanas, suicidas y necesitadas, pidiendo calor tus entrañas. Te escuché y te leí, te mire y te sigo mirando.

No imaginaras con cuanta atención te detallo, no imaginaras lo cerca que a veces te quiero. Me gustaría sanarte. Quiero que me leas, quiero que me veas.

Eres pasillo oscuro, polvo en suelos nuevos que contienen años de saberes, todo lo poético, lo absorto, lo absurdo.

Mis palabras son poco refinadas, mis rizos se deshacen más fácil, mis cigarrillos más lentos y virgen es mi nariz.

Creo saber que estas buscando, que buscas en los libros, en los acordes de guitarra y piano, en tu mano sobre el papel.

Este es un deseo enfermo dirán muchos, pero los cuerpos son cuerpos, las mentes universos, el deseo es deseo no importa el cuerpo. Quisiera tu abrazo y tus labios empapados.

¿Cuándo cantaremos delicada espina?

miércoles, 10 de marzo de 2010

Lo Desaparecido


Hoy no te asomes, no escribas nada. Hoy todo se convierte en asco. Hoy otra vez, hoy otra vez... maldita sea la memoria de los labios, de la piel, de los ojos. Hoy, estúpido pecho, te estremeces con nada, hoy todo te duele. Malditos demónios, ¿Por qué hoy?

Será porque todo esta inconcluso, será porque debo algo o siento que me deben algo. Algo se me han robado, algo me arrebataron. O tal vez es alguna respuesta que esta perdida, que se escondió, nunca salió y ahora hace falta.

Hace falta en noches como hoy en las que mis dudas, que metí a patadas en el olvido se agarran del cabello, se arrastran como putas a media noche y su escándalo no lo puedo ignorar poniendo la almohada en el oído, ni pensando en libros, ni pensando en la cita de mañana, ni pensando en la mierda que sea para no pensar en lo que a mi estúpido pecho desangra.

Después de cinco días es hora de caer de nuevo. Hoy otra vez, porque no puedo seguir callando, ocultando, aplastando cada espina como quien cubre de tierra la cagada de un gato. Lo que desangra sigue estando ahí, en alguna parte de mi estúpido pecho y mi cabeza, enredado en cada palabra que no digo.

Mi duelo no se apaga ni termina. No acaba porque todo esta inconcluso, porque el circulo no se ha cerrado. Hay algo pendiente que le hace guiños a la incertidumbre. Es como esos duelos de los desaparecidos, nunca terminan hasta que se encuentra el cuerpo y se entierra. Con los desaparecidos solo hay intranquilidad, preocupación, ansiedad, dolor. No estan vivos ni estan muertos.

Algo se desapareció. Se me perdió. Me faltan palabras que conecten los hechos, me faltan razones, necesito entender para enterrarlo para siempre. Para cerrar esa puerta y que no se me llene de telarañas, para que las putas y vagos queden con llave y dejen de joder los callejones de mi pecho.

Mi estúpido pecho sangra, sangra porque no entiende. Por que se le extravió su cierre, porque anda desnudo...

miércoles, 3 de marzo de 2010

Ni Mierda



Hoy solo quiero decir:

GRITANDO, GRITANDO ESTOY DESDE CADA PLIEGUE DE MI ALMA....