
Estas palabras que son retazos, que salieron de mañanas, de tardes y de noches. Que salieron desordenadas, que salieron tristes, que se perdieron entre mi cama y me hicieron levantar a escribir. Mis palabras que ya no son nada porque ya no hacen sentir. Porque son un recurso maldito así como cada pensamiento. Mis palabras que hoy decido dejar incompletas porque ya no valen, porque esta noche las obligo a padecer en mi mente y morir en mi garganta, porque si no brotan de mis dedos para siempre estarán muertas.
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Me fumaba un cigarrillo y el humo se evaporaba por mis ojos.
¿Se evaporaba? ¿Se condensaba?
….solo lloraba.
Imaginé sus pies desnudos sobre la baldosa fría que da alientos en un clima cálido.
Las gotas tímidas asomando por su frente. Su torso expuesto enseñando la cicatriz de un cigarrillo igual al que presenció el río de mi garganta y que sobrevive como huella de una despedida. De la primera, la menos dura, la despedida llena de esperanza.
Lo veo caminar por un pasillo que sé que existe pero jamás he visto. Ese caminar nada lento de sus pies que se proyectan siempre hacía fuera, cada pie como señalando un destino distinto. Y esa piel….esa piel más que suave como la curva que existe entre su cuello y su hombro…ése es el mejor lugar para mis mejillas, mi nariz y mi boca. Y ese sudor….sé que suda aunque no corra.
Creo que su cama es blanda, nunca la toqué. Creo que esta siempre fresca por el ir y venir del ventilador. Sé que duerme como yo, pero cuando esta conmigo deja de dormir de lado para ofrecerme su brazo como almohada.
Tampoco cruza sus piernas para dejar que me deslice libre entre ellas y me regala su pecho tibio para que lo abrace y me acurruca contra él como para nunca escaparme.
Su olor, lo que más extraño. No es un olor que pueda describir porque no se parece a nada. Simplemente es él, es su aliento que no se pierde en ningún perfume.
Amo sus piernas, sus vellos. Amo sus glúteos color canela, tan hermosos y firmes que hasta envidio. Los envidio porque los quiero tener siempre entre mis manos para apretarlos cuando esta sobre mí mientras también me aferro a su espalda.
Maldita siempre la lejanía que no me dejo moverme en sus sábanas, no me dejo sentir las paredes frías de su casa. Maldita sea esa lejanía que me otorgo el papel de fantasma. Algo de lo que se habla y nadie ve.
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Suena:Negrura, Gicho Cisneros°
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